Este es el lenguaje de programación por el que va a apostar Google en 2020
La programación es un trabajo de presente, pero sobre todo de futuro. Cada vez se necesitan más programadores, y mejor formados, para afrontar el desarrollo tanto de los dispositivos tecnológicos que estábamos acostumbrados a ver como de coches y cualquier dispositivo IoT. Hay muchos lenguajes de programación, y Google apuesta por Python.
En el Google I/O de 2019, Google afirmó que Kotlin era uno de los lenguajes de programación que había que conocer sí o sí de cara a desarrollar para Android. Y es que, parece que el sistema móvil será "cada vez más Kotlin". Sin embargo, Google tiene ojos para otros lenguajes de programación.
Un ejemplo es Python. Python es un lenguaje que ha conseguido desbancar a Java en el segmento educativo debido a que es muy sencillo generar scripts en él.
Hay una gran comunidad detrás, se puede personalizar fácilmente gracias a módulos y, además, es de los más interesantes para empezar a programar si no tenemos mucha idea y queremos empezar por algo sencillo.
De hecho, según el índice de lenguajes de programación Tiobe, Python superará a C y Java en el futuro, los dos más populares en estos momentos ya que están en casi... bueno, en todo lo que utilizamos a diario.
Hace unos meses os contamos que Microsoft buscaba que todo el mundo empezara a programar en Python gracias a unos cursillos totalmente gratuitos, y ahora es Google el que hace lo propio con un nuevo cursillo de IT Suppor Professional Certificate.
El propio Sundar Pichai, CEO de Google, ha compartido el enlace del blog de la compañía en la que se habla sobre las oportunidades del lenguaje. Según ellos, Python es el lenguaje de programación más demandado con más de 530.000 puestos de trabajo en Estados Unidos, incluyendo 75.000 puestos de nivel inicial que requieren el dominio de Python.
Google quiere hacer una labor social gracias a su curso de pago y unas 2.500 becas de Grow with Google para que quien lo desee pueda obtener el grado de certificación en Python.
Además, según la compañía, el 60% de los inscritos en sus cursos hasta ahora son mujeres, personas negras, latinos o veteranos, perfiles que siguen sin ser demasiado populares en el mundo de la industria tecnológica.
Está claro que Google piensa que Python es el lenguaje de programación del futuro y de ahí un apoyo así.
¿Cómo es posible que Argelia 'invadiera' España y nos enteráramos 2 años después?
En 2018, el gobierno argelino publicó un decreto por el que ampliaba el alcance de su zona económica exclusiva marítima, 'invadiendo' aguas de España e Italia
El Parque Nacional de Cabrera, cuyas aguas se superponen con la aspiración argelina de aumentar su Zona económica exclusiva.
Argelia ha ejecutado la 'invasión' perfecta. Una de la que los países afectados han tardado casi dos años en darse cuenta. El asalto comenzó en abril de 2018, cuando el entonces presidente Abdelaziz Bouteflika publicó un decreto para extender la zona económica exclusiva frente a las costas del país norteafricano hasta aguas bajo explotación de España e Italia. El proyecto quedó plasmado en un mapa, pero no pasó de ahí. Durante meses, nadie se hizo eco de la ambición marítima argelina.
Pasó totalmente inadvertida hasta el pasado febrero, cuando el exgobernador de Cerdeña Mauro Pili denunció que Argelia quería "robar" la isla italiana y explotar los recursos marítimos del país. La modificación de las fronteras que pretende Argel había pasado completamente desapercibida para la opinión pública, pese a que el Gobierno italiano presentó una protesta formal ante Naciones Unidas, según los pocos medios italianos que se hicieron eco de la noticia.
Uno de los polémicos mapas argelinos que reflejan las zonas marítimas y económicas de España, Italia y Argelia, con las nuevas pretensiones argelinas.
Algo parecido ha pasado en España. El gobierno local balear ha tardado casi dos años en detectar la aspiración argelina de disputar a nuestro país parte de su zona económica exclusiva. Una pretensión que afectaría a las lindes del Parque Nacional de Cabrera, al sur de Mallorca. Los medios baleares publicaron el tema el 9 de febrero. Última Hora reflejaba que la Consejería de Medio Ambiente contactaría al Gobierno para trasladarle su preocupación sobre las ambiciones argelinas y Menorca.info publicaba un editorial sobre la amenaza territorial y ecológica.
El polémico mapa de 2018 aún tardó unos 10 días en llegar a las portadas de los periódicos nacionales con titulares escandalosos como "Argelia invade Cabrera", el país argelino "se apropia del mar español" o ‘el nuevo Perejil’.
¿Afrenta diplomática?
Entonces, ¿cómo es posible que la afrenta diplomática haya pasado 23 meses inadvertida? Fuentes del Ministerio de Exteriores aseguran a El Confidencial que la pretensión argelina era conocida y ya se había trasladado el malestar a las autoridades del país magrebí antes de la llegada de González Laya a la cartera -aunque no especifican si fue cuando el Partido Popular aún estaba en el Gobierno y Alfonso Dastis al frente de la diplomacia española (junio de 2018)-.
Otra fuente diplomática explica que es "imposible" que a la embajada de España en Argelia pasara por alto la noticia en 2018, que fue publicada por la agencia estatal Algérie Presse Servide (APS) y reproducida en algunos medios internacionales como la agencia de noticias china Xinhua. La embajada de España en Argelia ha declinado hacer comentarios ante las preguntas de este periódico. El asunto pasó por debajo del radar público debido en parte a que, en realidad, la medida argelina no supone tipo de cambio real en la situación, ni en las fronteras.
Zonas marítimas de Argelia y España, así como las aspiraciones argelinas.
“Lo que ha hecho Argelia es papel mojado. Un brindis al sol. Saben cuales son sus límites y no pueden excederlos porque está lesionando los intereses de los estados ribereños limítrofes”, explica Rafael Muñoz, doctor en Marina Civil y profesor de la Universidad de La Laguna, a El Confidencial. “Esa declaración unilateral no tiene valor internacional. De hecho, Naciones Unidas está repleta de este tipo de discusiones por lindes marítimos, incluso entre países con buena relación, como por ejemplo Estados Unidos y Canadá, que no se van a resolver nunca”, agrega este exmarino mercante.
Además, Muñoz explica que Argelia no estaría en ningún caso "invadiendo" territorio español -que se limita a las primeras 12 millas desde la costa- sino que su interés está en la zona económica exclusiva (ZEE) -que se extiende hasta las 200 millas (370 kilómetros)-. Sin embargo, esa aspiración no se ha visto reflejada en ninguna acción concreta por parte de Argelia, pese a las sospechas de potenciales intereses petrolíferos en la zona.
"Lo que ha hecho Argelia es papel mojado. Un brindis al sol. Esa declaración unilateral no tiene valor internacional"
Aun así, la ministra González Laya aseguró el miércoles en conferencia de prensa que se sentarán a negociar con Argel, adonde viajará la próxima semana, pese a que "no estamos de acuerdo y lo pusimos en su conocimiento". Esta es la segunda controversia marítima consecutiva con la que lidia su despacho este mes, aunque -como insistió la ministra- son dos casos diferentes. Mientras Marruecos ha expresado su "interés" en delimitar sus aguas -lo que afectaría a Canarias-, Argelia ya ha plasmado sobre el papel dónde deben trazarse los límites de explotación económica.
Las actuales zonas económicas fueron claramente definidas en 1982 y los expertos ven difícil que se alteren. Los países pueden presentar sus disputas ante la Comisión de Límites de la Plataforma Continental de la ONU, pero reclamos son lentos y tienen pocas oportunidades de prosperar. Pocas compañías se arriesgarían a ejecutar un proyecto a gran escala en aguas internacionales sin el respaldo de la comunidad internacional.
"Esto es un acto patriótico de cara a la galería. Como hizo Marruecos hace un mes", concluye Muñoz.
'Rancho' para 1.200 y tensión en cubierta: así es vivir en el mayor buque de guerra español
El buque Juan Carlos I es el mayor y más potente de la Armada Española. Palidece frente a sus homólogos de EEUU, pero es el más avanzado de nuestro país. Así es la vida a bordo
El buque Juan Carlos I
"Llevamos más de una semana de preparativos y aún ni hemos zarpado". Así afronta la dotación de soldados las horas previas a salir de maniobras. Saben lo que les espera pero no hay queja, "aquí se viene 'llorado'". Son cerca de 1.200 militares los que viajarán hasta aguas de Canarias en el buque Juan Carlos I, un gigantesco barco de 230 metros de largo y 27.000 toneladas de desplazamiento. Durante 15 días todos ellos compartirán poco espacio, mucho trabajo y varias noches en vela. La vida a bordo es de todo menos cómoda. Y estamos a punto de comprobarlo.
Nos embarcamos en el Juan Carlos I, que se encuentra en estos días participando en las maniobras Gruflex, los ejercicios anuales más complejos y de más envergadura que realiza la Armada y que este año se desarrollan en las Islas Canarias. Zarpamos de la Base de Rota, en el litoral gaditano. Es domingo, pero cuando toca maniobras el concepto de día laborable o festivo queda en un total segundo plano. El barco está al completo de personal. Además de su dotación habitual, encargada de manejar el buque y de que todo en él funcione, a bordo va una importante Unidad Aérea Embarcada, seis aviones Harrier y dos helicópteros Sea King. Constituyen su principal baza para apoyar un desembarco o, junto a las fragatas de escolta, defender el navío de aviones o barcos enemigos. También ha embarcado una nutrida fuerza de Infantería de Marina con sus vehículos de combate y pertrechos. Esta fuerza es el grueso de la que realizará un desembarco anfibio. En total casi 1.200 personas a bordo.
Este barco es de los que se denominan 'LHD', acrónimo en inglés de 'Landing Helicopter Dock', pero ¿qué significa esto en realidad? Los navíos de este tipo tienen dos características propias que son la de disponer de una cubierta de vuelo "corrida" de proa a popa para operaciones aéreas, hangar y, además, un dique inundable que facilita las operaciones anfibias al permitir que las lanchas de desembarco, ya cargadas, salgan directamente de su interior.
Cubierta de vuelo con aviones Harrier.
Por su forma es muy fácil confundir este tipo de navíos con los portaaviones y, en ocasiones, con los buques de asalto anfibio. Los primeros solo tienen cubierta de vuelo y hangar y están dedicados en exclusiva a operaciones aéreas y los segundos tienen dique inundable y una cubierta de vuelo relativamente pequeña, siendo su diseño muy orientado a operaciones anfibias. El LHD, y en nuestro caso el Juan Carlos I, sirve para ambas funciones.
"En cubierta los excesos de confianza se pagan muy caros", explica a Teknautas D. Ángel, un veterano coordinador de cubierta de vuelo y hangar. Hay imágenes de algunos accidentes que se han quedado grabadas en su retina. Son la excepción, pero se suelen mostrar a los recién llegados para que comprueben lo que ocurre cuando alguien se cree que ya lo sabe todo. La cubierta de vuelo es, principalmente, un lugar peligroso. El espacio, pese a sus grandes dimensiones, es muy reducido: en 32 metros de ancho tiene que aterrizar un Harrier o un helicóptero y dejar sitio para personal y vehículos.
Con operaciones de vuelo, todo el personal en cubierta está obligado a vestir chaleco y casco. Es un sitio muy ruidoso donde solo los que dirigen las operaciones van intercomunicados. El resto sigue unos patrones de gestos y señales establecidos que indican cada acción a realizar. Nada, absolutamente nada, se improvisa. Todos ellos siguen las indicaciones que se les da desde el Primario de Vuelo, un local en voladizo totalmente acristalado que controla las operaciones de vuelo y movimientos de aeronaves. Es algo así como la "torre de control" del "aeropuerto flotante" en que se convierte el buque.
El día a día en una 'empresa' flotante
El buque Juan Carlos I es lo más parecido a una gran empresa flotante. Su 'director general' es el comandante del buque, el capitán de navío Francisco Asensi, máximo responsable de todo lo que ocurre a bordo. Para ayudarle en el mando está el segundo comandante, el capitán de fragata Emilio Aceña, una especie de 'subdirector general' que sobre todo actúa como 'jefe de personal' encargándose de todos los temas que afectan a la dotación.
A bordo hay pocas distracciones y lo normal es que los períodos de trabajo se alarguen. El personal dedicado a mantenimiento, bien del buque o de aeronaves, es el ejemplo claro: el buque debe seguir navegando y las aeronaves deben volar. "En mantenimiento del Harrier estamos especialistas con bastantes años de experiencia. Es duro y bastante sacrificado, pero cuando te llega un avión con problemas, lo ves salir reparado y volver de su misión en condiciones, y la satisfacción es enorme", explica Beatriz, cabo primero especialista de la Novena Escuadrilla.
En navegación la vida a bordo no es ni fácil ni cómoda. A veces se está largos períodos de tiempo lejos de casa y las condiciones no son ideales. Los cocineros ahora son especialistas formados en esa tarea y, aunque nunca se contenta a todos, lo cierto es que el 'rancho' del Juan Carlos I no sabe mal. Trabajar en cocina es otra cuestión. "Nuestra batalla diaria es dar de comer a más de 1.200 personas". Los comedores no permiten a todo el mundo comer a la vez por lo que hay turnos establecidos. A pesar de ello a veces toca hacer cola.
A la puerta del hospital se puso una bolsa llena de "biodraminas" con un cartel de "Máximo 2 comprimidos". Sírvase usted mismo
Respecto a la habitabilidad, los lujos son muy escasos. Al igual que en las empresas, el 'director general' tiene el despacho más grande y de ahí, para abajo. La privacidad es algo que se deja en tierra y tratar de llevarse bien entre compañeros se hace imprescindible. Hay muy pocos camarotes individuales (contadísimos) y la inmensa mayoría comparte espacio y "humanidad" con otros. Los que peor se alojan son los infantes de marina. Van algo más apretados porque se supone que su estancia a bordo es temporal. Fuera del barco su perspectiva no es nada envidiable y puede ser una o varias noches "al raso" si tienen que actuar en tierra. Es su trabajo.
La habitabilidad es mejorable, pero atrás han quedado aquellos buques con graves problemas, como fue el caso del portaaviones Príncipe de Asturias en el final de sus días, cuando había que recorrer medio barco para encontrar una ducha donde el agua saliera caliente. Cuesta creerlo, pero es algo que ocurre en los barcos de guerra. Disponen de radares modernos y misiles precisos pero a veces un vulgar problema de 'fontanería' los deja inmovilizados.
Hoy en día, en el Juan Carlos I y otros buques modernos hay suficientes duchas, pero también mucha gente. Impera la "ducha marinera: enjuagado, jabón y aclarado" y de prisa. Para las mujeres, algo tan cotidiano como lavar y secarse el pelo requiere una planificación, buscar ese rato en el que no se tenga trabajo y se pueda dedicar unos minutos de más.
¿Qué hay de las comunicaciones? Llamar a casa no siempre es posible, depende de por dónde navegue el buque. Solamente en las misiones internacionales que duran meses se habilitan teléfonos satelitales para llamar a casa. En maniobras cortas, como estas, solo podremos hablar si estamos cerca de tierra. Las comunicaciones en un barco de guerra son un recurso escaso y muy controlado. Dentro del buque la comunicación es imposible y hay veces, en los espacios del exterior, donde tener "una raya" en el teléfono vale su peso en oro. Cuando se accede a uno de estos lugares no se dice "hola", simplemente se pregunta "¿hay cobertura?".
El Juan Carlos I cuenta también con un hospital muy bien dotado tanto en equipamiento como en médicos y enfermeros. Suelen tener faena. Son muchas personas las que suben y bajan escaleras, manejan cargas pesadas, vehículos, armas, lanchas... A las habituales contusiones por golpes, caídas, resbalones, etc. se unen muy a menudo los mareos. Con mala mar el tema puede tener tintes dramáticos. En estas maniobras ha tocado "mar de fondo", que no se aprecia en el oleaje pero mueve mucho el barco. ¿Solución? A la puerta del hospital se acabó poniendo una bolsa llena de "biodraminas" con un explícito mensaje: "Máximo dos comprimidos". Sírvase usted mismo.
16.000 km sin repostar
El tamaño del Juan Carlos I hace que sea complejo ir de un sitio a otro por su interior. Es fácil desorientarse y los invitados, si no fueran acompañados, se perderían seguro. Cualquier desplazamiento obliga a moverse por largos pasillos y, lo peor, subir y bajar numerosas escaleras. Hay que tener en cuenta que del Dique al Primario de Vuelo o al Puente de Gobierno (están uno al lado del otro) hay el equivalente a 10 pisos… aun así es normal que el personal saque un rato para hacer deporte. Cosa fácil en este barco pues dispone de más de 5.000 metros cuadrados de hangares y garajes para correr o montar una improvisada cancha de baloncesto, además de tener gimnasio y otras zonas dedicadas al deporte.
Una vuelta a la cubierta de vuelo, de proa a popa, equivaldría a hacer el recorrido de una pista de atletismo. Con el agua que entra en el dique cuando se inunda para operaciones anfibias llenaríamos tres piscinas olímpicas y con la energía eléctrica generada a bordo se podría dar luz a una ciudad como Córdoba. Si preguntáramos por el combustible a bordo nos darían una cifra difícil de asimilar: 2.700.000 litros. ¿Eso es mucho? Para llenar el depósito de 54.000 coches, más o menos. Pero es lo que se requiere para mover sus 27.560 toneladas durante 16.000 kilómetros sin repostar.
A pesar de estas cifras, el barco español palidece al compararlo con sus homólogos, los LHD estadounidenses, con unas 45.000 toneladas de desplazamiento y muchas más aeronaves y tropas a bordo, por no hablar de sus grandes portaaviones nucleares, con 330 metros de largo y casi 100.000 toneladas. Estos juegan en otra liga. Tampoco con los nuevos portaaviones británicos ni con el francés, los hindúes o los chinos. El portaaviones italiano Cavour está ya más al nivel del buque español, con un desplazamiento similar, aunque no tiene dique inundable. También los dos barcos australianos idénticos al español y el que está construyendo Turquía, con el mismo diseño del Juan Carlos I.
Nos robaron la juventud: así enviaron a morir al Ebro a los 27.000 de la Quinta del Biberón
El periodista Víctor Amela recuerda a los niños y jóvenes caídos en uno de los episodios más tristes de la guerra civil española
El suelo que pisamos está empapado de sangre vertida sin sentido. Bajo los ministerios y el parlamento hay esqueletos, bajo la democracia y las leyes, bajo los derechos y los deberes: la paz es una carretera asfaltada con sangre, sudor y huesos pulverizados. En algunos lugares señalados de los mapas de nuestra geografía, los huesos incluso asoman como dientes de leche de la memoria. Es lo que ocurre de vez en cuando en los campos de almendros de las tierras altas del Ebro, provincia de Tarragona.
En estas tierras pasa a veces que, cuando los labradores remueven, desentierran un cráneo humano o un fémur o una falange de los antiguos combatientes de la Guerra Civil. Aquí dejaron la vida muchos jóvenes a los que nadie pudo enterrar, ni siquiera en fosas comunes, debido al fragor de la batalla. Cuando los payeses encuentran huesos saben qué hacer: los depositan con unas flores silvestres en el memorial de la batalla del Ebro de Las Camposillas, en La Fatarella, o en el de la quinta del biberón en lo alto de la cota 705 de la sierra de Pàndols.
Testimonios de los supervivientes
Acompaño al escritor Víctor Amela por estos parajes de la historia de España. Desde el monumento cúbico de la quinta del Biberón se aprecia hoy un paisaje boscoso de valles y riscos. Es una belleza que sobrecoge cuando el autor señala los puntos desde los que disparó hace ochenta años la artillería. En 'Nos robaron la juventud: memoria viva de la Quinta del Biberón', publicado en español y catalán por Plaza y Janés y Rosa dels Vents, ha recopilado sus entrevistas con los supervivientes de la batalla junto con las cartas y diarios confiados por los descendientes de los muertos.
Víctor Amela
Su libro hace pensar que la memoria histórica debería enfocarse de esta forma: no como un relato institucionalizado, sino como una medicina reparadora compuesta con voces humanas: un medicamento intelectual contra la amnesia, el odio y la manipulación. No un relato grabado en mármol con caracteres de mausoleo, sino la calidez viva de la voz. El libro de Amela recuerda a los de Svetlana Alexievich porque contiene los retazos de esa intrahistoria que definió Miguel de Unamuno. La que se opone a los titulares de la prensa y los manuales. La que cuenta las cargas de infantería no como un movimiento en un mapa, sino con el olor de los pantalones cagados por el pavor.
No me resisto a transcribir un fragmento recogido por Amela de las memorias, inéditas y garrapateadas en un cuaderno, por otro excombatiente, Enric Sanahuja. Se las confió al escritor su nieta Mónica, quien le dijo que el abuelo había apuntado todo eso para que su familia no olvidase: “Hacíamos apuestas con nuestros amigos los piojos. Hacíamos en el suelo un círculo de cuatro centímetros de diámetro y en el medio otro más pequeño, en donde se ponían los piojos, y ellos arrancaban para escapar, y el primero que salía del círculo ganaba el dinero del depósito. En un piojo podían apostar varios. ¿Cómo se conocían? Muy fácil, teníamos piojos de varios colores: blancos, negros, rojos. Así eran los piojos. Yo tuve uno muy bueno negro con pico rojo”.
Recuerdos de los caídos
Desde el punto de vista de los libros de historia, que no suelen interesarse por estos detalles, sabemos que hacia el final de la batalla del Ebro la República estaba contra las cuerdas. Las posiciones conquistadas caían metro a metro, colina a colina. En este frente, los políticos republicanos decidieron echar el resto enviando a veintisiete mil muchachos nacidos en 1920, entre los que muchos eran niños. Pero desde el punto de vista de la intrahistoria brota la verdad de aquellos movimientos. Por ejemplo, surge la voz de René Gasia, combatiente, que cuenta que cuando unos milicianos intentaron quemar el templo de su pueblo se las vieron con el alcalde, que había sido boxeador.
Niños matando hombres
Los chicos que llegaron aterrorizados para poner el broche a la batalla del Ebro se encontraron en las trincheras con un tipo de su edad que estaba, sin embargo, curtido. Fue Miquel Morera i Darbra, hoy casi un centenario, con quien desayuno en Barcelona. Él estuvo desde el principio: acompañó a su padre, maestro armero de la columna de Esquerra Republicana con 16 años, y cuando los muchachos del biberón aparecieron ya tenía callos en las manos. Cuenta que mató a más de cien hombres que avanzaban con granadas hacia su posición, “cosiendo” con una ametralladora, pero también que intercambió papel de fumar por tabaco con unos nacionales con los que se encontró “lo bastante cerca para ver personas y no objetivos”.
La experiencia íntima de la guerra es el mejor antídoto contra la estúpida polarización de nuestros días, que por desgracia ha hipnotizado a muchos españoles. Sus efectos destructivos se aprecian a simple vista en el término municipal de Vilalba dels Arcs, en la Terra Alta, donde hay dos pequeñas colinas separadas por doscientos metros de depresión. En cada cima hay una cruz de piedra y entre ellas serpentea un breve vía crucis plagado de mojones de piedra.
Los chavales de Arrán, no contentos con hacer pintadas, o con honrar a los muertos del otro bando, han roto las cruces a mazazos
Hasta hace poco tiempo, apenas unos años, en cada mojón estaban grabados los nombres de los 59 requetés muertos en una estúpida intentona de conquistar la colina contraria el 19 de agosto de 1938. Sin embargo, los chavales de Arrán se han dedicado a destrozar estos solitarios recordatorios desde 2015. No contentos con hacer pintadas, o con honrar a los muertos del otro bando, han roto las cruces a mazazos, han borrado con cincel los nombres de los caídos y se han vanagloriado de ello en las redes sociales.
Las piedras, ahora esparcidas por ese campo solitario, adquieren paradójicamente un simbolismo mucho más vívido. Nos dicen que la brutalidad nunca muere, que los odios ideológicos dejan larvas de piojo en las cremalleras de la memoria, y que lo que hoy parece tan lejano, tan remoto, siempre podría llegar repetirse. Para evitarlo, no hay que romper cruces. Para evitarlo hay que leer y recordar.
El verdadero origen de los nombres de los colores en español
A lo largo de los años, los humanos hemos intentado describir el color de lo que vemos. ¿Y en nuestro idioma cómo lo hacemos? De eso trata este vídeo de la BBC.
Vox quiere implantar pruebas de castellano para garantizar que todos los españoles lo hablen bien
El partido liderado por Santiago Abascal reclama al Gobierno que adopte las medidas necesarias para garantizar el derecho a «vivir plenamente y a estudiar exclusivamente en castellano en todo el territorio nacional»
Santiago Abascal, en una imagen de archivo
El partido liderado por Santiago Abascal ha llevado este debate al Pleno del Congreso con una proposición no de ley firmada por la secretaria general del grupo parlamentario, Macarena Olona, y el diputado por Alicante Eduardo Luis Ruiz.
Vox quiere conseguir el apoyo de la mayoría de la Cámara para garantizar la «obligación de todos los españoles» de conocer el castellano, «mediante pruebas de nivel u otros métodos de enseñanza y de evaluación oficiales, especialmente en los territorios que cuenten con otra lengua cooficial».
También reclama al Gobierno que adopte las medidas necesarias para garantizar el derecho a «vivir plenamente y a estudiar exclusivamente en castellano en todo el territorio nacional», así como a relacionarse con todas las Administraciones en la lengua oficial del Estado.
Vox defiende que debe garantizarse que el castellano sea la lengua vehicular, de comunicación y de trabajo de todas las administraciones, sin perjuicio de que se complemente con la lengua cooficial en aquellos territorios que la tienen.
En cualquier caso, sostiene que «en ningún caso» se podrá obligar a un funcionario a conocer o utilizar una lengua distinta al castellano ni conocer la cooficial puede ser requisito para acceder a un empleo público.
De la misma forma, reclama que toda comunicación de las administraciones aparezca escrita en castellano con forma y tamaño que, cuando menos, sean iguales a las de la otra lengua cooficial. Y lo mismo exige para cualquier organización que reciba cualquier tipo de subvención o ayuda pública.
Para asegurar el cumplimiento de estos requisitos Vox quiere que el Gobierno incluya una relación de infracciones y sanciones que permitan al Estado sancionar el incumplimiento de la norma.
Windows 12 Lite se postula como una alternativa más fiable que Windows 10
Con cada defunción de una versión del sistema operativo Windows surgen las campañas para sustituirlo por GNU/Linux, una situación que apunta a consolidarse como todo un clásico, si bien por lo menos hay un gobierno con intención real de dar el salto.
Windows 12 Lite
Aparte del clásico “pásate a Linux”, más graciosa ha sido una propuesta presentada en una feria de computadoras: Windows 12 Lite. No, no se trata de la próxima versión del sistema operativo de Microsoft, sino de un Linux Lite con XFCE disfrazado de Windows 10. Ahí es nada.
Los desarrolladores de Windows 12 Lite prometen que su sistema operativo no pecará de uno de los grandes fallos de Windows 10, las constantes roturas tras actualizar, que derivan de un entorno de pruebas claramente deficiente y que en al menos una ocasión forzaron a la compañía a tener que retirar una actualización para evitar males mayores. Aparte de eso, los encargados de Windows 12 Lite también dicen que su sistema es inmune a los virus y al ransomware, una afirmación que no es cierta en sí misma, pero de momento la cantidad de malware contra GNU/Linux es lo suficientemente baja como para prescindir del antimalware en los ordenadores domésticos.
Escritorio de Windows 12 Lite
Otras características de este peculiar sistema GNU/Linux son, según sus desarrolladores, el hecho de que sea tres veces más rápido que Windows 10, el servir un total de más 80.000 aplicaciones entre las preinstaladas y las suministradas desde los repositorios, acceso a Steam y al polémico driver de NVIDIA y el no requerir de licencias ni claves de activación para utilizarlo. ¿Hay más? Pues sí, tampoco te espía, y es que la privacidad es otro de los puntos cuestionados del último sistema operativo de Microsoft. Por último, el hecho de basarse en Linux Lite tendría que permitirle nutrirse de al menos buena parte del soporte de terceros disponible para Ubuntu.
Más allá de parecerse estéticamente a Windows 10 y exponerse a una posible demanda por violación de propiedad intelectual, Windows 12 Lite no deja de ser una propuesta graciosa aprovechando el fin de ciclo de Windows 7. Viendo la excesiva fragmentación dentro del panorama GNU/Linux, los usuarios finales que quieran tener buen soporte harían mejor en apostar por Linux Mint o Kubuntu, y si tienen cerca a algún conocido con conocimientos, pedirle que prepare un Debian Stable con backports y el software imprescindible también puede ser una excelente solución para un escritorio básico.
Las 48 horas que mataron al Mobile: lío en Moncloa, 'manos negras' y el 2021 en el aire
Siete días. Es lo que duró vivo el Mobile World Congress desde la primera baja de un exhibidor hasta su cancelación definitiva. ¿Qué ocurrió para que el MWC cayera como un castillo de naipes?
Miércoles, 5 de febrero. El gigante surcoreano LG, el séptimo fabricante mundial de 'smartphones', suelta una auténtica bomba nuclear: se borra del Mobile World Congress por el riesgo del coronavirus. Faltaban solo 18 días para la inauguración. Un escalofrío recorre el seno de la organizadora, la GSMA, el Ayuntamiento de Barcelona y la Generalitat. Jamás, en los 13 años que la feria llevaba en la Ciudad Condal, había ocurrido algo así. La decisión, que debió hacer saltar todas las alarmas, no provoca sin embargo ninguna reacción inmediata, todo lo contrario. "El impacto es mínimo. Todo sigue igual. El coronavirus no va a parar el MWC". Fue el inicio de una montaña rusa de infarto en la que la inacción de la GSMA, los mensajes contradictorios del Gobierno y el pánico injustificado acabó con una feria que genera 500 millones de euros y 15.000 empleos para Barcelona. Y lo peor, una feria que corre más riesgo que nunca de no volver a celebrarse en nuestro país.
Siete días después de la primera cancelación de LG, el Mobile World Congress se cayó como un castillo de naipes. La que supuestamente era la feria tecnológica más consolidada e importante del mundo no aguantó ni un suspiro. En realidad mucho menos. A comienzos de esta semana, tras las cancelaciones en cadena de gigantes como Ericsson, Nvidia, Sony, NTT Docomo o Intel, prácticamente nadie en el sector quería seguir adelante.
"Esto es como un torneo de fútbol. Si participan 23 y de repente se quedan 2, hay que suspender. Nosotros queríamos cancelar desde el lunes, pero no es tan sencillo", señala una fuente de uno de los grandes operadores de telefonía en España que confirma que hasta el mismo útimo momento se mantuvo la incertidumbre. Pero no porque la GSMA no supiera que había que cancelar, sino por el enorme riesgo legal de las indemnizaciones millonarias que pueden acabar de tumbar el evento.
Mats Granryd, director general de la GSMA, en la rueda de prensa de este jueves para explicar la cancelación del evento.
Todas las fuentes consultadas, una decena de altos directivos en operadoras, fabricantes de móviles y cargos gubernamentales conocedores de las negociaciones con la GSMA, coinciden en una cosa: la organizadora del evento no solo tardó en reaccionar tras la primera cancelación, sino que además no gestionó en absoluto el riesgo del coronavirus anticipándose a posibles bajas. "Lo de la GSMA ha sido un despropósito. Viendo el cariz que tomaba el coronavirus a mediados de enero, si hubieran creado un comité de crisis entonces, hubieran tomado medidas concretas, como algunas de las que anunciaron una vez explotó todo, el Mobile seguiría estando ahora mismo en pie", explica a este diario un directivo de otra operadora bajo la condición de anonimato. El Mobile, y todo lo que rodea su cancelación, se ha vuelto ya tan tóxico que nadie quiere que se le relacione directamente con el fiasco de este año.
Los cuatro días siguientes a la primera baja la semana pasada fueron clave para lo que vino después, donde la situación ya era irreconducible. Tras LG y la china ZTE (que solo canceló su rueda de prensa), el primer gran punto de inflexión llegó el viernes 7: la cancelación de la sueca Ericcson, uno de los puntales del Mobile con cientos de empleados asistentes y el segundo 'stand' más grande de toda la feria (más de 7.000 metros cuadrados y una inversión total por encima de los 10 millones de euros) solo detrás de la china Huawei.
El lunes 10 se empezó a trabajar en una única línea: había que borrarse del Mobile
El "no" de Ericsson puso en alerta a todos los asistentes, especialmente a las operadoras. Si las grandes telecos europeas se borraban, todo se caía. Ese mismo fin de semana, según confirman diversas fuentes, arrancaron las conversaciones de urgencia entre Telefónica, Orange, Vodafone, Deutsche Telekom y BT para consensuar un frente común. La Generalitat y el Gobierno quedaban de momento en un segundo plano, supeditados por completo a las decisiones de la GSMA. La organizadora sabía que necesitaba llegar al lunes 10 por la mañana con medidas urgentes sobre la mesa, le apremiaba dar un golpe de efecto para frenar la hemorragia inicial. Llegó la noche del domingo 9 (tras la cancelación de Amazon, que echó más leña al fuego), aunque más que un puñetazo sobre la mesa acabó siendo un disparo en el pie.
"Cuando vimos esas medidas el domingo, nos dimos cuenta de que esto se había acabado. El lunes 10 se empezó a trabajar en una única línea: había que borrarse del Mobile", explica un directivo de una de las cerca de 40 empresas que cancelaron antes de la decisión final de la GSMA. Las medidas propuestas por la organizadora eran irrealizables. Vetaba el acceso a los asistentes procedentes de Hubei (bien) pero no permitía entrar a nadie que hubiera estado los 14 días antes en China, algo imposible de controlar ya que tampoco exigía llevar pasaporte a los europeos. Además, pedía una "auto-certificación" de no haber estado en contacto con nadie infectado. "Esta última medida fue lo más surrealista. Estaban demostrando que habían perdido el control", señala un directivo.
Efectivamente, al día siguiente continuó la desbandada. Durante el lunes se borraron otros grandes exhibidores, como Sony y la japonesa NTT DoCoMo. El martes, tal y como adelantó este diario, llegaba la muerte anunciada: las grandes operadoras europeas, (Telefónica, BT, Orange, Vodafone y Deutsche Telekom) se reunían de urgencia para cancelar su asistencia. Oficialmente, lo estaban solo estudiando. En realidad, la decisión ya estaba tomada. Solo había una gran salvedad: Telefónica, uno de los grandes patronos del Mobile, no lo tendría tan fácil para anunciar su huída del Mobile en solitario por puros motivos de imagen y políticos. Comenzaban así 48 horas de intensa negociación, no para salvar el Mobile, ya era insalvable, sino para que la GSMA calculara daños y atara legalmente el apagón final.
Un trabajador descansa en el interior de la Fira de Barcelona donde las empresas que participaban en el Mobile World Congress (MWC) comenzaron a recoger después de la cancelación.
El adiós inminente de las grandes operadoras desató el martes la alarma en Moncloa, el único organismo que en ese momento aún intentó mantener el evento por todos los medios. Primero consultando con sus embajadas sobre los posibles riesgos de una cancelación para entender cómo estaban reaccionando otros países al riesgo sanitario del coronavirus en el Mobile. Y, segundo, movilizando a técnicos del Ministerio de Economía y al propio ministro de Sanidad, que ha encabezado la respuesta oficial esta semana, para negociar con la GSMA. Lejos de arreglarlo, según fuentes consultadas, en realidad la situación empeoró.
"Ha sido un descontrol por parte del Gobierno. Lo que no puede ser es que el ministro de Sanidad, Salvador Illa, por muy catalán que sea, vaya justo en contra de los intereses de la GSMA. Por un lado estaba Economía diciendo de puertas hacia dentro que no era aconsejable seguir, por otro Sanidad diciendo lo contrario, que todo era seguro y que adelante. Estaba claro desde hace semanas que el evento no se podía celebrar, y menos tras las cancelaciones. Se dio una imagen de descoordinación, y eso no ha ayudado ni ayudará en las relaciones futuras con la GSMA", explica un alto cargo político conocedor de las negociaciones entre Gobierno y GSMA quien además señala que la postura del Gobierno dejó sin salvaguarda a la GSMA antes las indemnizaciones millonarias a las que tendrá que hacer frente.
Fuentes gubernamentales consultadas niegan que haya habido discrepancias internas o externas. "Tanto desde Economía como de Sanidad como a nivel de Gobierno siempre hemos mantenido el mismo mensaje: que era seguro celebrar el Mobile en Barcelona, igual que decía la OMS. Si hubiéramos dicho lo contrario para evitar problemas legales a la GSMA habría sido una irresponsabilidad".
El embajador de EEUU en España se quedó horrorizado de que Huawei patrocinara todo. "Es como poner el lobo a cuidar de las ovejas"
El muro de contención no aguantó más. Entre el martes y el miércoles llegó la traca final y más importante de cancelaciones: Facebook, Cisco, Nokia, AT&T, Sprint... Los 'socios' de Telefónica, Vodafone, BT, Deutsche Telekom y Orange, también se borraron. Solo quedaba en pie la operadora española y otros gigantes como Samsung o Huawei. Pero incluso Samsung, según diversas fuentes, ya había tomado también la decisión de irse. La GSMA convocó reunión de urgencia a las 14:00 el miércoles para decidir. Cinco horas después acababa la agonía: John Hoffman, CEO de la GSMA, anunciaba en un comunicado lo que todo el mundo ya se temía desde hacía una semana. Adiós al MWC 2020.
La combinación del pánico injustificado (la mayoría de científicos aseguraban que no había riesgo sanitario real de celebrar el Mobile), la mala gestión de la GSMA, la descoordinación de las administraciones y el 'marketing' de las multinacionales de anteponer la seguridad al negocio, son las grandes variables que explican el fiasco del Mobile. Otros añaden una 'mano negra' adicional: la guerra comercial entre EEUU y China.
"La mayoría de compañías que han cancelado son estadounidenses. A nadie se le escapa que la GSMA es, además del organizador del evento, el organismo que estandariza las telecomunicaciones a nivel mundial. Recuerdo muy bien lo que nos dijo el embajador de EEUU en España, Duke Buchan, el año pasado en una comida durante el Mobile. Se quedó horrorizado de que Huawei tuviera el 'stand' más grande y patrocinara todo. Dijo que era como poner el lobo a cuidar de las ovejas. En este contexto de guerra comercial, no es de descartar que Facebook, AT&T, Cisco, Sprint y todas las demás hayan sufrido presiones para desencadenar la cancelación", opina un directivo muy cercano a la GSMA y a las instituciones catalanas.
No hay de momento ninguna prueba al respecto de que esto haya ocurrido, pero fuentes diplomáticas de la embajada de EEUU en España de hecho confirmaron recientemente a este diario que su prioridad número uno en Europa es contrarrestar "por todos los medios" el supuesto peligro que Huawei, según EEUU, supone para la seguridad nacional de todos los países.
"Esto no se celebra en 2021"
El capítulo más preocupante de esta historia de terror sanitario-corporativa arrancó sin embargo justo este jueves, a la mañana siguiente de la cancelación oficial del Mobile durante la rueda de prensa de la GSMA. Con cara de funeral, Mats Granryd, director general de la GSMA, y John Hoffman, CEO, repitieron hasta una decena de veces dos palabras mágicas: "fuerza mayor". Y no ocultaron el motivo: no van a pagar ninguna indemnización porque la decisión se escapaba de su control, un evento de "fuerza mayor", el coronavirus, hizo inevitable la suspensión.
La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau.
Casi al mismo tiempo que Granryd y Hoffman resoplaban en la sala de prensa, Presidencia del Gobierno enviaba un comunicado contradiciendo precisamente esa "fuerza mayor". "No son razones de salud pública en España las que han motivado la cancelación del Mobile World Congress". Lo que estaba en juego en ese ir y venir de acusaciones veladas eran las indemnizaciones millonarias a las que puede tener que hacer frente la GSMA por el cierre del evento al no haber incluido el riesgo del coronavirus en las clausulas contractuales.
Todos los contratos firmados entre GSMA, exhibidores y otros proveedores incluyen un clausulado estándar y otro variable según cada caso. El Confidencial ha tenido acceso al contrato firmado con uno de los grandes exhibidores donde se puede comprobar que quedan excluidas las "pérdidas, daño o coste directa o indirectamente causado por [...] a) la imposición de una cuarentena o restricción al movimiento de personas y animales por cualquier organismo o agencia nacional o internacional o b) cualquier alerta de viaje realizada por un organismo o agencia nacional o internacional". Esta claúsula podría haber cubierto a la GSMA del entuerto judicial que se le avecina, pero su exclusión abre la puerta a una avalancha de demandas judiciales.
"Para activar la protección de la fuerza mayor es necesario que un organismo nacional o internacional dicte una situación de alerta sanitaria y restricción de movimiento. Eso es justo lo que ni el Gobierno ni la OMS han hecho. Es más, la GSMA se ha contradicho en su comunicado oficial, donde solo habla de fuerza mayor, y luego en su rueda de prensa, donde también aludieron al impacto en Barcelona y a "otras circunstancias". Es tan abierto que les será muy complicado defender la fuerza mayor ante un juez. Cancelaron por decisión propia y unilateral", explica a este diario Rosa Guirado, abogada especializada en contratación mercantil.
La GSMA optó por no incluir esta clásula por un motivo muy claro: la gran mayoría de contratos con exhibidores se firman justo al terminar cada edición del evento. Hace un año, el coronavirus ni siquiera existía. Ahora, esta cláusula puede poner en serio peligro la continuidad de la feria. "Hay un riesgo financiero claro. Como comiencen a llegar las indemnizaciones, la GSMA no tiene el pulmón financiero como para haceles frente. Serían las operadoras o el Gobierno y la Generalitat los que tendrían que rescatar a la compañía. Y eso es algo que, a nivel de opinión pública, es terreno pantanoso. Además, aunque escenifiquen lo contrario, las relaciones entre la GSMA y el Gobierno central, no tanto la Generalitat, han quedado tocadas", explica una fuente del sector.
"Si al riesgo de las indemnizaciones añades el golpe en imagen pública y el hecho de que estos grandes eventos han perdido cada vez más fuelle, creo que es muy posible que ocurra una de estas dos cosas el año que viene: que se logre mantener el Mobile en Barcelona, pero reducido drásticamete a la mitad de asistentes y con otro formato. O que la GSMA se vea obligada a disolverse como empresa para hacer frente a las deudas, crear una nueva sociedad y que otra ciudad como San Francisco, París o Londres aproveche para presentar un proyecto alternativo", señala uno de los directivos en una operadora española. De lo que no duda la mayoría es que el Mobile, tal y como lo hemos conocido estos 13 años, no lo volvamos a ver jamás.
El peor negocio de la historia: por qué Rusia le vendió Alaska a EEUU
Hubo una época en que Rusia y Estados Unidos compartieron continente. Hasta 1867, lo que hoy se conoce como Alaska, era la Rusia Americana.
Pero el 30 de marzo de ese año, el gobierno del zar Alejandro II, decidió vender la región a los americanos por 7,2 millones de dólares. Una ganga, si tomamos en cuenta que, en apenas cincuenta años, Estados Unidos ganaría cien veces esa cifra explotando el subsuelo, y, lo que quizás es más clave, se había convertido en una nación del Ártico gracias al que es hoy su gran rival en la zona.
Una compra, la de Alaska, que podría considerarse la inversión inmobiliaria más rentable de la historia, (según desde que lado se mire) y que aún hoy no deja de sorprender. Pero, Rusia tenía sus razones. Así te lo explicamos en el vídeo sobre estas líneas.
Adicciones, miedo a la muerte y depresión: Joaquín Sabina, a mitad de camino entre el infierno y el cielo
Desde una silla de ruedas que empujaba Joan Manuel Serrat y mirando al público, Joaquín Sabina volvió a tomar el micrófono. Estaba claro que ya no cantaría, y eso era lo de menos: se esperaba que sus palabras aportaran alivio. Lo hicieron. “Me he dado un golpe muy fuerte en el hombro”, explicó el músico sobre su caída desde el escenarios ocurrida unos minutos antes en el Wizink Center de Madrid, en la noche del miércoles, el mismo día que cumplía 71 años. Un foco lo habría encadilado -en un principio se habló de un desmayo-, confundiendo sus pasos y precipitándolo al foso. Anunció también lo obvio: el recital se había cancelado. Y hasta se permitió bromear: “Estas cosas me pasan solo en Madrid…”. Sus admiradores suspiraron. Si hasta les pidió que guardaran las entradas, que el 22 de mayo volverían a verse, que unos y otros se tomarían revancha de ese traspié.
El alivio se fue apagando con el correr de las horas, a la vez que iban encendiéndose las alarmas. Este jueves Sabina debió ser operado de urgencia “para la realización de una evacuación de un hematoma intracraneal en el hemisferio derecho”, según informa el parte médico firmado por la doctora Mercedes Cuesta Nuin. La intervención fue exitosa. Internado en la Unidad de Cuidados Intensivos de Hospital Ruber Internacional, se encuentra “estable”, aunque también presenta diversos traumatismos: de hombro izquierdo, torácico y craneoencefálico. Un nuevo informe llegará en 24 horas; se espera que sus palabras aporten alivio.
Aquel chiste del andaluz sobre lo que le sucede en Madrid tiene mucho de cierto. El 13 de diciembre de 2004 fue lunes, pero para Joaquín resultó ser un viernes. Después de un lustro volvía a la ciudad de sus gordas de Botero, sus hoteles de paso y su taleguito de hash, pero su presentación en el Barclaycard Center Palacio de los Deportes tuvo un eco de frustración: el recital fue más corto de lo esperado porque el músico aseguró sentrrise “realmente mal”.
De inmediato el cantante reveló que había tenido un ataque de pánico, aunque tiempo más tarde volvió a desdecirse: buscó disimular sus ganas de vomitar apelando al pánico escénico. Y se enredó en una polémica por un comentario desafortunado: “Me ha dado un Pastora Soler”, dijo, haciendo referencia a la artista española que días antes había anunciado su alejamiento de la música, afectada por el miedo escénico. Joaquín se disculpó en público, Pastora lo aceptó; las dudas sobre qué le había en realidad ocurrido no se esfumaron. Cinco años después se repitió la situación con otro show escueto y un puñado de cancelaciones en distintas ciudades de la Península Ibérica. ¿El argumento? Esa vez, afonía.
En 2017, el hombre del bombín habló sobre sus “problemas” sobre el escenario durante una visita al programa televisivo El Hormiguero. Apelando a esa crudeza tan sabinera, recordó que dio “gatillazos en la época de la mala vida”, llegando a cantar en pésimas condiciones; cuanto menos, “sin dormir”. Hizo entonces un reconocimiento -casi obligatorio- a sus seguidores: “El público es santo, y no me ha tirado al pillón cuando me lo merecía”, admitió.
Sabina vivió para cantar. Y canta para vivir. En esa búsqueda de experiencias, ha experimentado más de lo aconsejado. A fines de los 90 tuvo lugar una de las etapas más oscuras de aquella época de mala vida: entre café, cigarrillos, whisky y cocaína en abundancia, terminó alumbrando 19 días y 500 noches, una de sus grandes obras. “Ese punto de concentración obsesiva que da la coca es imposible de encontrar de otra manera. El disco es un disco de coca, completamente”, reveló en 19 Días y 500 Noches. Sabina fin de siglo, el libro de Juan Puchades.
Pero allí también relaciona el infarto cerebral que sufrió el 23 de agosto 2001 con sus adicciones. “(Fue por) la cantidad de coca, a no dormir, los cafés y whisky que me metí para escribir (el disco), que fueron dos meses sin dormir”. La noche anterior al episodio, Sabina se acostó con un fuerte estado de ebriedad, según contó en un reportaje con la revista Interviú. Porque si bien por entonces ya no consumía, el desenfreno de su juventud había optado por alcanzarlo, al fin. “Conseguí alargar de manera suicida mi juventud hasta los 50, pero también disfruté de lo lindo”, dijo alguna vez quien bien podría haber buscado en la basura un gramo de locura.
Esa vez, Joaquín creyó que se moría. Y ese sombra no se marchó tan pronto. Alcanzado por la depresión, esa que -nunca había tenido dudas- solo afectaba a los demás, canceló recitales y comenzó un tratamiento. Se refugió en su casa, negándose a recibir ciertas amistadas vinculadas con los años oscuros. Hizo todo aquello que jamás pensó que haría. Maldita vanidad. “No quería ver a nadie. No quería que me vieran. Pero yo estaba bien en mi rincón: escribiendo, pensando, leyendo sin salir”, recordó en el documental 19 días y 500 Noches. Y allí, siempre allí, Jimena Coronado. Esa “mina antipersonal” con quien planea casarse, de acuerdo a la infidencia que cometió Serrat en una entrevista con Teleshow (¡no debía decirlo!).
De todo aquello Sabina emergió siendo otro, aunque tan parecido al de siempre. Hubo nuevos inconvenientes, sí. Otros recitales suspendidos. En Barcelona, por una caída en su casa en 2010; tres más en Estados Unidos ese mismo año por problemas intestinales. Una tendinitis en un pie le impidió cantar en Canarias unos meses más tarde de aquel miedo escénico que no fue (o sí). En febrero 2018 se golpeó un ojo tras perder el equilibrio, y su gira por México se dio por concluida. Dos meses después debía cantar en La Coruña, no pudo hacerlo por un problema de circulación. Y a mitad de ese año, de nuevo el Wizink Center: perdió la voz en medio de un show.
Así llegó Sabina -un músico que supo hacer turismo al borde del abismo- a sus 71 años. Y a la caída en el día que lo celebraba, el alivio inicial, la preocupación incipiente.
Pero a esta alturas, bromas suyas en el escenario y partes médicos al margen, sus admiradores no tienen dudas. La primavera sabe que Joaquín la espera en Madrid.