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Autor Tema: La región que se autoproclamó la «Ucrania española» en la Guerra Civil para enfrentarse a los comunistas  (Leído 304 veces)
El_Andaluz


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La región que se autoproclamó la «Ucrania española» en la Guerra Civil para enfrentarse a los comunistas
« en: 15 Marzo 2022, 15:45 pm »

Una curiosa historia dentro de España que expongo aquí que me ha llamado la atención.




Apenas se habían cumplido tres meses del inicio de la Guerra Civil, cuando Joaquín Ascaso y el resto de líderes anarquistas crearon en Fraga el Consejo Regional de Defensa de Aragón, la única experiencia de gobierno libertario de la que se tiene constancia en la historia de España. Se instauró el 6 de octubre de 1936 para administrar, de manera independiente con respecto a la Segunda República, y en clara confrontación con ella, la mitad oriental de esta comunidad autónoma.

La noticia de su formación fue publicada por ABC y dio paso a uno de los episodios más curiosos de la guerra civil que se produjo dentro del bando republicano durante la Guerra Civil, cuya cifra de muertos nunca se ha aclarado del todo. Según algunos historiadores fueron varios centenares, otros hablan de 2.000 y unos pocos los sitúan en 20.000, sobre todo en Cataluña. Dentro de esta escabechina entre ‘afines’, que constata su falta de unidad, vivió su punto álgido con el golpe de Estados del coronel Segismundo Casado, en 1939, contra el presidente comunista Juan Negrín.

El Consejo Regional gobernó hasta el 11 de agosto de 1937, durante diez meses, con un objetivo que sus líderes dejaron bien claro en el acto de inauguración celebrado en Caspe: «El Aragón rural se ha convertido en la Ucrania española y no se dejará avasallar por el militarismo marxista, tal y como le sucedió al anarquismo ruso en 1921». Esta declaración se refería a la revolución majnovista que veinte años atrás había desembocado en la creación del denominado «Territorio Libre» de Ucrania durante la guerra civil rusa que precedió a la creación de la URSS.

Nestor Majnó

Su líder, Nestor Majnó, que había fallecido en 1934 en el exilio de París, fue el ejemplo a seguir por el Consejo de Aragón. Este anarquista ucraniano, menos conocido que Mijaíl Bakunin, Emma Goldman o Buenaventura Durruti, ha sido definido por muchos historiadores como «el héroe del anarcocomunismo occidental», el «protagonista de uno de los acontecimientos más notables del anarquismo mundial» o «el único hombre que estuvo cerca de lograr el sueño comunista libertario».

Los anarquistas aragoneses tuvieron una suerte diferente, pues Majnó, de origen campesino, fue capaz de sembrar el pánico entre los zaristas y los bolcheviques con un pequeño grupo de adeptos, entre 1917 y 1922. Después de aquello cayó en el olvido, pero hace nueve meses volvió a ser noticia por la publicación en España de la segunda parte de la novela gráfica ‘¡Viva la anarquía! El encuentro entre Majnó y Durruti’ (Ponent Mon/Catarata), firmada por Bruno Loth y Corentin Loth.

En noviembre de 2019, además, en la pequeña localidad de Ucrania donde nació en 1889, Guliaipolé, se reemplazó una estatua de Lenin por la suya, lo que generó una gran polémica. En ese momento, algunos medios de comunicación ya calificaron a Majnó como el «guerrillero anarquista más grande de la historia, además del menos conocido». Desde ese mismo año, sus descendientes luchan también, sin éxito, para que sus restos sean repatriados desde París, donde falleció de tuberculosis.

La Ucrania de Majnó y el Consejo de Aragón

Tal y como ocurrió en la Guerra Civil española con el enfrentamiento entre anarquistas, comunistas y socialistas, estas facciones también se masacraron en Ucrania en vez de unir sus fuerzas contra los zaristas y los nacionalistas. Lenin temía que el líder campesino ucraniano pudiera poner en peligro su proyecto de la Unión Soviética, de la misma forma que a las autoridades republicanas les irritó la independencia con que actuó el Consejo de Aragón. Por eso Indalecio Prieto y Negrín procedieron a aplastarlo en cuanto recuperaron el control en Cataluña a mediados de 1937.

El Consejo se había creado en uno de los momentos más caóticos de la República, cuando los responsables del Frente Popular comenzaron a ser conscientes de que el conflicto sería largo y contra un enemigo que tenía un Ejército muy profesional, como era el franquista. De hecho, cuando se instauró este pequeño gobierno anarquista, los sublevados controlaban las tres capitales de Aragón y habían cortado el comercio de la región.

Los anarquistas aragoneses de la CNT no soportaban, por su parte, que las milicias camparan a sus anchas y vaciaran las despensas de las zonas rurales, cuyas tierras habían colectivizado ellos. Joaquín Ascaso criticó aquellos atracos en numerosas ocasiones, pero la guerra era la guerra y había que alimentar al frente. Por eso convocaron una reunión en septiembre de 1936 para impulsar la creación del Consejo, que tuvo su primera sede en Fraga, hasta que fue trasladada a Caspe, capital simbólica del republicanismo aragonés hasta ese momento.

Los logros de la «Ucrania española»


En los diez meses que estuvo activa, esta «Ucrania española» logró algunos de los objetivos que se pusieron, además de contener las tropelías de los comunistas y socialistas de la región. Los comités revolucionarios fueron sustituidos por consejos municipales en los que estaban representados todos los partidos y sindicatos con presencia en los pueblos. Eso trajo la normalización de la vida civil y la consolidación de sus conquistas sociales a partir de enero de 1937. También se crearon el Consejo de Seguridad, el Tribunal Popular de Caspe y los juzgados especiales de Barbastro y de Alcañiz.

Supuestamente, su puesta en marcha supuso un descenso de la represión política en el territorio y la entrada en funcionamiento de brigadas itinerantes de alfabetización, la creación de escuelas y el establecimiento de nuevas rutas de comercio con Cataluña y Valencia. Todo ese carácter revolucionario e independiente irritó a la República, que empezó a presionar para que este órgano aceptara a miembros del Gobierno en la dirección. El objetivo era frenar sus aspiraciones.

Sin embargo, la principal crítica hacia el Consejo era que el frente de Aragón no avanzaba. Como consecuencia de ello, el Ministro de Defensa Nacional, Indalecio Prieto, ordenó su disolución de este el 4 de agosto. Para ello envió a la 11.ª División al mando del comunista Enrique Líster, que ocupó el pueblo de Caspe por sorpresa para evitar una reacción de los anarquistas.​ La Federación Local de Sindicatos de la CNT fue tomada por asalto y arrasada. Asimismo, concentraron a un buen número de tanques a la salida de la localidad y se produjeron enfrentamientos armados, los cuales causaron numerosas bajas.

Todo acabó con la detención de Ascaso y otros 700 anarquistas más del Consejo Regional de Defensa bajo acusaciones tan dispares como el contrabando de joyas. A continuación, se nombró entonces como gobernador de los territorios ocupados de Aragón a José Ignacio Mantecón, que se convertía en la nueva autoridad suprema de la región. Los campesinos que se mantuvieron al margen de las colectivizaciones ocuparon muchas de ellas y robaron todo lo que había en ellas. Las oficinas del Comité Regional de la CNT fueron ocupadas y sus archivos confiscados. Unidades militares comunistas asaltaron tierras del valle del Ebro y del alto Aragón.


El final del sueño de Majnó y Ascaso

Los dirigentes del Consejo Regional de Defensa de Aragón solo pudieron intentar que no se ejecutara a sus miembros, aunque aceptando a cambio su disolución. Al final, Ascaso acabó su vida en el exilio venezolano. Este final fue parecido al de los anarquistas de Majnó veinte años antes, aunque estos tuvieron mucha menos suerte. Las comunas pasaron a ser controladas por los comisarios rusos del Partido comunista, lo que provocó un choque frontal con el «Territorio Libre» de Ucrania. En los último meses de la Guerra Civil rusa en 1922, los dirigentes del Ejército Negro fueron invitados a una supuesta mesa de dialogo en la que fueron apresados y fusilados a traición.

A continuación, 150.000 soldados del Ejército Rojo atacaron la región, marcando el final de aquella autonomía anarquista. Como castigo, 200.000 campesinos fueron también ejecutados y otros tantos deportados a campos de trabajo en Siberia. Sus últimos cien guerrilleros acabaron huyendo, con las heridas todavía abiertas. Majnó, con un balazo en el vientre, otro en el cuello y otros seis más en diferentes partes del cuerpo de los que se salvó de milagro. Nunca más volvieron a Ucrania. Ascaso, tampoco regresó a España.





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