Los jóvenes no son tan inocentes: saben las consecuencias perjudiciales del sexting. No necesitan de los admonitorios consejos de los adultos sobre los peligros que conlleva enviar imágenes o vídeos propios o ajenos provocativos o directamente de contenido sexual. Pero en un particular análisis de costes y beneficios, apuestan por practicar sexting como medio para ganar popularidad y la aceptación del grupo de amigos.
Puede que entre los adultos enviarse fotos sexis propias esté orientado a un objetivo más evidente. Pero un estudio con chicos de secundaria muestra que, entre los menores, las razones son bien diferentes y poco tienen que ver con la sexualidad. Investigadores belgas y estadounidenses han realizado una encuesta a casi 2.000 jóvenes sobre el sexting y el consumo de pornografía con sus móviles. Y sus conclusiones, publicadas en Media Psichology, desmontan algunos mitos.
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