Tu correo, tu red social, tus fotos y vídeos publicados en la Red… toda esa «vida digital» es estupenda, pero algo cambia el día en que la palmas. ¿Qué sucede entonces con todos esos contenidos? ¿A quién pertenecen a partir de entonces? ¿Y qué pueden hacer los herederos al respecto?
En Tuenti te borran la cuenta y sus contenidos. En Hotmail le entregan tus correos en un CD a un familiar, si acaso los pide. Y en Gmail, en una especie de poético renacimiento à la Google, la cuenta de correo desaparece automáticamente a los 9 meses de actividad… justo lo mismo que tardaste en nacer. Son solo algunos ejemplos de lo que puede pasar y lo diferente que es la muerte digital de lo que podríamos llamar –por decir algo– «la muerte de toda la vida».
El hipotético protagonista de esta historia tiene poco de que preocuparse, porque lo peor ya ha sucedido: su vida acabó y poco más puede hacer. Se acabo el añadir amiguitos en Facebook o subir las fotos de las últimas vacaciones para reírse con ellas; tal vez ni le dio tiempo a twittear «¡Adiós, mundo cruel!» En estos tiempos que corren, además de dejar tal vez algo de dinero en su banco, media hipoteca sin pagar y un montón de contratos con empresas de telefonía, la compañía de la luz y todo lo demás, hay otro «intangible» en juego: su vida digital.
Para mucha gente, que utiliza Internet como extensión de su vida personal o profesional, el legado que queda atrás puede ser tanto una bendición como una inmensa fuente de problemas. Sus seres queridos le recordarán por sus fotos, sus vídeos o todo aquello que escribió en un blog. Pero al mismo tiempo todo aquello peligra: ¿qué sucede con los dominios alquilados a nombre de una persona que ya no está en este mundo? ¿Pueden los familiares entrar a leer su correo? ¿Quién cobrará a partir de entonces sus cheques de AdSense?
El sentido común y la experiencia dicen que mucha gente que ve llegar el fin de sus días procura dejar todo organizado para evitar ese tipo de problemas a los familiares. Es común dejar un testamento en el que se explican las últimas voluntades, que si bien tiene una validez legal relativa según los casos, cabe esperar que los familiares intenten satisfacer, al menos en lo que respecta a lo «virtual». En ese testamento –o en otro documento preparado a tal efecto– puede haber una lista de sitios e instrucciones, tanto del mundo real como de Internet, con detalles sobre qué hacer. Es la opción que recomiendan los abogados, tal y como publicó CNET en un artículo. Si la persona quiere compartir algo tan íntimo como el contenido de su ordenador o los correos que intercambió en los últimos años basta que incluya en esos documentos las cuentas y contraseñas correspondientes y notifique a una persona de su confianza o a su abogado de su existencia.
Pero la muerte no siempre llega de forma planificada sino que en ocasiones aparece por sorpresa. En ese caso usar el sentido común y decidir entre los más cercanos al difunto lo que es más conveniente parece la mejor idea… aunque siempre estaría supeditada a las limitaciones legales, que en este caso otorgan a los herederos todos sus bienes materiales y «virtuales», por llamarlos de alguna forma. No hay que olvidar que, en cualquier caso, fue la persona fallecida quien firmó los contratos o acuerdos con empresas y servicios durante su vida, y que dichos contratos han de respetarse en lo tocante a su «nueva condición», si es que estaba estipulado. En ocasiones las empresas consideran que ese contrato tiene prioridad y que si la persona ya no existe ellas están capacitadas para tomar las medidas que consideren necesarias con sus datos.
La mayor parte de los servicios de pago quedarán cancelados automáticamente por el hecho de cerrar la cuenta del banco del difunto, simplemente por falta de pago. Muchas empresas cuentan además con procedimientos amables y poco complicados que facilitan a los familiares cancelarlo todo en esos momentos difíciles. Pero hay que recordar que algunos servicios, como los dominios de Internet, también expiran con el tiempo, de modo que si los familiares desean mantenerlos deberán preparar el papeleo al respecto. Lo mejor será en ese caso asesorarse con algún amigo experto y, en caso de problemas, con los abogados especializados.
La revista Time investigó hace poco lo que algunos populares servicios de Internet hacen exactamente con las cuentas de los difuntos. Las cuentas de Windows Live Hotmail, por ejemplo, expiran pasados unos meses, pero los familiares pueden pedir una copia de los correos del fallecido mostrando un certificado de defunción y demostrando que cuentan con poderes legalmente para ello. En Facebook los familiares pueden pedir que las cuentas se pasen a un estado especial llamado «memorial», donde no se puede añadir información ni cambiar el estado de la cuenta, aunque también pueden pedir el borrado de la cuenta y contenido.
Otras empresas como Yahoo optan por mantener siempre la confidencialidad de las cuentas de correo: si alguien fallece y no ha revelado su contraseña a nadie más, su cuenta queda simplemente inactiva. Tan solo en algunos casos en los que se ha recibido una orden judicial han entregado los materiales del buzón de correo a los familiares. Esto a veces es importante de cara a investigar las causas de la muerte, reclamar seguros o investigar sus propiedades.
En España la conocida red social Tuenti tiene una política clara al respecto: en el momento en que un familiar acredita el fallecimiento de una persona se da de baja la cuenta, junto con todo su contenido. Esta solución es tal vez la más drástica, pero la que menos problemas le causa a las empresas.
Y, finalmente, un recordatorio para quien tenga previsto dejar un testamento digital: no dejarlo guardado dentro del ordenador… detrás de una contraseña. No sería la primera vez que se produce ese «inevitable bucle sin solución» y el difunto se lleva consigo todo lo que pretendía dejar para la posteridad.
Fuente: cookingideas










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Me parece muy interesante nuestra generacion va ha dejar mas que fotos, dinero y decendencia el pensar que dentro de 70 años un bisnieto mio vea este Post y diga XD Mi abuelo si era Juanker me agrada
el problema es saber por cuanto tiempo perdurara esa vida digital con los avances de la tecnologia, los protocolos y todo quien sabe
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