por Pedro Villalar
Hemos asistido en los últimos tiempos a dos fenómenos diferentes uno creativo, otro resistente- en que Internet ha alcanzado un protagonismo decisivo: la elección del presidente norteamericano Obama, tras una gigantesca movilización social a través de grandes redes sociales -Facebook y MyObama.com-, y la rebelión de los reformistas iraníes ante un más que probable pucherazo de la ortodoxia teocrática a través de Twitter.
En este último caso, el veto del régimen de Teherán a la prensa internacional ha sido respondido con la divulgación de una infinidad de testimonios personales de ciudadanos iraníes, que incluían fotografías y vídeos, y que han dado fe a todo el orbe tanto de la voluntad liberalizadora de unos sectores cuanto de la actitud represiva y mendaz del oficialismo.
Significativamente, ante los intentos de censura tecnológica llevados a cabo por el gobierno iraní, la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, ha instado a Twitter a reforzar su estructura para continuar permitiendo a los iraníes expresarse en su plataforma. En definitiva, gracias a los sites llamados de microbloggin, con su viralidad y su efecto buzz, que desarrollan las potencialidades del llamado Internet 2.0, ha sido posible por primera vez en la historia combatir mediante los nuevos sistemas de comunicación un fraude electoral y el intento maligno de perpetuación de un régimen autoritario.
Curiosamente, en ambos casos la relación que ha establecido internet ha sido interpersonal. Se han divulgado testimonios individuales que han adquirido un eco global. Esta multipolaridad informativa dificulta extraordinariamente la censura pero introduce un riesgo añadido: la manipulación. No es difícil distorsionar la opinión pública introduciendo controversias y contradicciones en la voz colectiva.
De estas evidencias, se desprenden dos grandes ideas categóricas: una primera es que las redes sociales, basadas en la suma de impresiones subjetivas, no pueden sustituir a la prensa tradicional en sus variados soportes (también en Internet, por supuesto). Pueden, como en estos casos citados, cristalizar corrientes de opinión, expandirlas o potenciarlas, pero la formación de la opinión pública en una democracia madura requiere medios de comunicación de referencia sólidos, confeccionados por periodistas solventes, con el crédito y el prestigio emanados de su trayectoria, capaces de ofrecer garantías a los destinatarios de la información y de ejercer el papel fiscalizador de los poderes públicos que durante mucho tiempo han desempeñado los periódicos.
La otra idea es más compleja y deberá madurar en el futuro: si el intercambio residenciado en las redes sociales es uno de los elementos fundamentales y en expansión de Internet, será muy difícil reducir los flujos de información binaria, es decir, los intercambios de material audiovisual.
De momento, los intentos de poner puertas al campo están fracasando. Los iraníes no han conseguido bloquear Twitter, pero tampoco Sarkozy ha logrado sacar adelante su ley Hadopi o ley de Creación en Internet. Como es conocido, ante la pretensión gubernamental de privar de conexión de banda ancha a aquellos que abusaran con reincidencia del intercambio de archivos, el Consejo Constitucional francés ha declarado que la comunicación es uno de los derechos fundamentales del ser humano, lo que implica el libre acceso a los servicios disponibles. En consecuencia, no se podrá aplicar esta sanción extrema si no es mediante un juicio en toda regla.
Todo indica, en fin, que el viejo concepto de derechos de autor tendrá que ser revisado. Las antiguas interdicciones, como otras muchas en el pasado, perecerán víctimas del conocimiento y de la tecnología. Ello no significa que el creador vaya a ser inexorablemente postergado sino que la retribución que debe percibir habrá de lograrse por otros caminos. Es un asunto no resuelto, sobre el que resulta inaplazable una profunda reflexión.
FUENTE :http://ecodiario.eleconomista.es/telecomunicaciones-tecnologia/noticias/1490626/08/09/Internet-Una-puerta-para-alcanzar-la-democracia.html










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